El nacimiento de las academias de… Donde el alma cose.

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que todo empezó a moverse.

No fue de golpe.
Fue como se mueven las cosas importantes: despacio… pero sin pausa.

Fueron meses de cambios.
De esos que no solo reorganizan espacios, sino que te reordenan por dentro.
Meses de transformación, de decisiones incómodas, de soltar lo que ya no encajaba…
y de aprender a sostener lo nuevo, incluso cuando todavía temblaba.

Hubo mudanza.
Pero no solo de lugar.
Mudé mi forma de trabajar, de pensar, de verme.

Todo este proceso tiene un nombre.
Un lugar.
Un latido propio: Donde el Alma Cose.

Ahí fue donde dejé de ser únicamente profesora…
para convertirme en creadora de espacios donde otras también pueden empezar.

Y así nacieron.

Mi academia de Madrid.
Mi academia de Aranjuez.

Dos espacios que viven dentro de Donde el Alma Cose.
Dos puertas abiertas a lo mismo: aprender, crear, reconstruirse.

No son solo aulas.
Son refugios.
Son talleres de identidad.
Son mesas donde la costura deja de ser técnica para convertirse en lenguaje.

Pasé de enseñar puntadas
a construir caminos.

Pasé de acompañar procesos
a liderarlos.

Y en el medio… crecí.
Mucho más de lo que imaginaba.

Porque emprender no es abrir un negocio.
Es abrirse una misma.

Hoy miro atrás y veo movimiento, vértigo, decisiones, cansancio…
pero sobre todo veo coherencia.

Y eso —aunque no siempre sea fácil—
es lo único que de verdad sostiene todo lo demás.

Porque esta mezcla de diseño, costura y academias…
soy yo.

Y yo… soy Donde el Alma Cose.

Tan tatuado en mi corazón
como en mi piel.

Siguiente
Siguiente

Donde el alma cose (no soy la misma, y eso también está bien)